Tuesday, October 6, 2009

FRECUENCIAS




Aquel artículo me había dejado pensativo. El autor sostenía que las ondas de radiofrecuencia, como las que utilizaban los teléfonos móviles, afectaban al sistema cerebral de las personas provocando trastornos que, en algunos caos (más de los que creíamos) y dado que nuestro entorno habitual estaba repleto de dichas ondas, nuestra salud se veía afectada dependiendo de la cantidad de las ondas que recibiésemos así como de nuestra propia resistencia, afectando a nuestra psique e, incluso, a nuestro físico.

Los efectos, según aquel escrito, eran variados y no habían sido estudiados a fondo, iban desde jaquecas hasta tumores malignos, pero todos parecían tener unos efectos como denominador común: Intranquilidad, estrés y fatiga física y cerebral.

Tan solo unos minutos después de aquella lectura, comencé a sentir algunas pequeñas molestias, principalmente un comienzo de jaqueca que rápidamente atribuí a la cantidad de teléfonos móviles que había a mi alrededor, por lo que comencé a mirarlos con cierta aprensión.

Mientras pensaba en estas cosas me hallaba saboreando un café vietnamita, con leche y hielo en el barrio viejo de Hanoi, cuando sonó un móvil en la mesa de al lado que me sacó del ensimismamiento, comencé a contar las personas que, en ese momento, estaban hablando por sus móviles, constatando una proporción de una de cada tres de las que se encontraban en aquel café.

Mi desazón aumentó propiciada por la hipocondría suscitada por el artículo divulgativo, fue en aquel momento cuando sentí una especie de corriente eléctrica que me subía desde mi bulbo raquídeo hacia el cerebro, dejando a su paso un reguero de dolor, lo que atribuí a que, dicha corriente, dejaba a su paso, un lecho de células muertas y carbonizadas. Tal era la aversión que le iba cogido al tema que, cuando me llamaron por teléfono, fui incapaz de contestar. Desconecté el móvil buscando cierta protección contra aquellas fatídicas ondas.

Mi malestar no desaparecía y tenía la maldita sensación de que todos a mi alrededor, hablaban por sus móviles sin tregua, mi cabeza estaba a punto de explotar. Comprendía que estaba sugestionado y que la realidad no podía ser tal y como la veía en aquel momento pero, a pesar de mis dosis de realidad, el dolor no desaparecía.

Me dispuse a volver a casa con la convicción de salir de aquel atolladero lo antes posible, decidí marcharme lejos, lejos de aquellas ondas perniciosas, en busca de la tranquilidad y paz interior, necesitaba un entorno adecuado, al margen de cualquier onda de radiofrecuencia y me vino a la cabeza los alrededores de Sapa (norte montañoso de Vietnam) como refugio electromagnético, rápidamente hice el plan para fugarme lo antes posible, aquella misma noche tomaría el tren con destino a mi bunker a prueba de todo tipo de ondas.

De mañana temprano llegué a Lao Cai, y enfilé mi moto alquilada hacia Sapa, una vez en aquel pueblo, emprendí camino hacia las montañas, hacia lo más alto, hacia lo ignoto.

El camino no era fácil y, en alguna ocasión, tuve que pedir ayuda a algún lugareño para desantrancarme. La pista discurría por una montaña con una pendiente considerable y por la que, según subía, iba viendo a menos personas, hasta que solo comencé a ver campos sin cultivos. La pista se acabó por lo que dejé mi moto en el arcén y seguí a pie por lo que parecía ser un sendero, luego el sendero desapareció y seguí subiendo por entre el pasto silvestre en busca de la cima.

Tras dos horas andando, el paisaje que se abría antes mis ojos era realmente excepcional. Aquella era una de las montañas más altas del entorno por lo que se podía ver a muchos kilómetros alrededor en aquel día tan claro.

Estaba exultante, me encontraba realmente bien, todas las molestias del día anterior habían desaparecido y todo aquel entorno me inducía sentimientos muy positivos. El aire olía a limpio y fresco y el silencio era total, eso era Paz.

Atribuí mi mejoría a la falta de las perversas ondas y quise comprobar mi teoría. Llevaba el móvil conmigo por lo que lo encendí y comprobé que no había señal alguna de teléfono, ni una rayita, ni asomo de intención, aquello era maravilloso, un lugar al margen de todas aquellas intrusiones de forma de señales radioeléctricas.

Aquel teléfono me lo regaló una amiga, y tenía alguna función extra como la de radio, me quedé unos instantes pensativo recordando a aquella mujer con la que había pasado tan agradables momentos, mis dedos acariciaban aquel teléfono mientras la recordaba y, sin querer, pulse el botón de la radio sintonizando una voz en chino, descuidadamente moví el dial y comprobé la gran cantidad de radios que allí se podía escuchar, sintonizadas en diferentes frecuencias, allí, en lo alto de la montaña, se podían recibir multitud de señales radioeléctricas, aquel lugar estaba infectado de ondas radioeléctricas.

En aquel momento comencé a sentir una corriente eléctrica que subía desde mi el bulbo raquídeo hacia el parietal de mi cerebro.

Friday, September 25, 2009

PREGUNTAS

Iba caminando por una estrecha calle de Hanoi absorto en mis devaneos…

- ¿Cuantas personas hay en este mundo?
- ¿Cuantos mundos hay en el universo?
- ¿Cuántos Universos hay en…lo que sea?
- ¿Cuántas dimensiones existen?
- ¿Cuántos tiempos?
- ¿Hay más mundos dentro de este mundo?
- ¿Por qué he sido escogido entre las infinitas combinaciones posibles de átomos?

Esta últimas es la mas grande de todas las preguntas, como el YO MISMO se diferencia de cualquier otro ser y siente por si mismo. Ese YO que siente, respira, piensa, padece que…todo. Lleva toda la vida responderla.

Es maravilloso abrirse camino entre la maraña que supone entrar en este nuestro YO único, para mi es algo parecido a la LIBERTAD y la FELICIDAD, no se porque, solo lo intuyo.

Nadie nos puede (debe) quitar esa sensación de unicidad y, por, o tanto, Libertad.

Realmente es increíble la intensidad que se siente al adentrarse por esa senda, no resulta fácil, es un camino desconocido y en el que no se suele entrar y del que muy pocos (a mi nadie) hablan (¿Hay mas mundos dentro de este mundo?).

Quizá sea el mayor milagro de la naturaleza el hecho de ser escogida por esta para nacer. Cuando lo pienso tengo dos tipos de sensaciones, la primera de gran placer al iniciar un camino por un nuevo mundo (¿otra dimensión?), la segunda de vértigo (¿Cuantos mundos hay en el universo?).

Apenas camino unos pasos por ese sendero y la sensación de placer empalaga mi visión y trata de expulsarme de mi visión como impulsado por una fuerza centrifuga (¿Cuántos Universos hay en …lo que sea?).

A veces, cuando consigo mantener el rumbo, el empalago inicial va transformándose en plenitud (no soy de ninguna secta) que ayuda a mantener mi equilibrio si permanezco en ese mundo (¿?) (¿Cuántas dimensiones existen?).

En esos momentos las sensaciones desaparecen y con ellas los sentidos, incluso el del tiempo (¿Cuántos tiempos?).

¿Os sucede algo parecido? (¿Cuantas personas hay en este mundo?).

Al final me pregunto de nuevo: ¿Por qué e sido escogido entre las infinitas combinaciones de átomos al nacer?

Wednesday, September 23, 2009

MUJERES




Todo comenzó ayer, la tarde estaba calma, quizá demasiado, unas nubes grisáceas penetraban por el sur con presagios de tormenta, la electricidad estática coloreaba el ambiente enturbiándolo y dotándolo de un olor a almizcle, todo resultaba mas lento e, incluso, pesado.

Me refugie en uno de los modernos cafés tan al gusto de los jóvenes hanoianos, buscando un ambiente con aire acondicionado. Todo el local estaba lleno de gente moderna y, por más que busque un sitio libre, no pude encontrarlo, por lo que me decidí por una mesa en la que estaban sentadas dos mujeres quienes no rechazaron mi petición de asilo, eso sí, entre unas risas nerviosas.

Estaría en los 40 y vestían algo descocadamente para su edad y con profusión de maquillaje negro y aditamentos en el vestuario claramente ineficaces pero con el claro fin de llamar la atención, tenía unos cuerpos bien hechos y claramente deseables.

Tras mi segundo sorbo de caphe xua da, café con leche y hielo, una de ellas se dirigió a mi con la consabida pregunta de mi origen, me hice pasar por español (siempre tira lo latino), y así comenzó nuestra charla, ligeramente pero pronto pasó a elevarse de tono hasta el punto de ruborizarme en ciertos momentos.

Mi libido subía por instantes y más cuando una de ellas me rozaba con su rodilla sin ningún pudor, lo que me provocó una erección que solo fue superada cuando su compañera emprendió el mismo camino.

Mi sensación era que todo iba demasiado rápido y, aprovechando la comando de otro café, me fui al servicio. Cuando volví vi o creí ver como una de ellas ponía algo en mi bebida pero fue tan solo un instante, como una ilusión a la que no di mayor importancia, por lo que seguimos hablando de temas banales mientras ellas se encargaban de mantenerme contento y centrado en el tema que a ellas y a mi más nos atría en aquel momento.

Con la excusa de enseñarles unas pinturas que había comprado nos fuimos juntos a mi apartamento, por el camino comencé a sentir una extraña sensación, era como si flotase sobre el pavimento, al mismo tiempo, las cosas cambiaban de forma y se acercaban y alejaban de mi como si los seres inertes estuviesen vivos, me sentía muy bien y sonreía continuamente Ellas se partían de la risa cuando me miraban pero sus continuas atenciones cariñosas me mantenían confortablemente en aquella especie de nirvana.

No más cerramos la puerta del apartamento se lanzaron salvajemente sobre mi destrozando mi ropa mientras la quitaban. Yo no acertaba a hacer lo mismo ya que sus maniobras ocupaban todo aquel campo de batalla, por lo que de deje hacer y ese fue el camino hacia el éxtasis.

Cuando me tuvieron totalmente desnudo fueron desnudándose lentamente mientras jugaban entre ellas y mantenían mis manos quietas a pesar de que se me iban automáticamente hacia sus cuerpos.

Todos los colores eran diferentes y los muebles habían cambiado de forma, lo veía todo raro y, como decirlo, mejor, más divertido. En algún momento de extraña lucidez, comprendí que me habían drogado pero el placer era tan intenso que lo olvidaba al instante.

La sesión de sexo duró infinitas horas o me lo pareció, nunca antes había jugado a tres tan intensamente, tan sensualmente, por lo que acabé extenuado y feliz y me quedé dormido

Hoy me he levantado con un poquito de resaca pero contento de la experiencia, solo he tenido una pequeña dosis de pánico pensando que habría sido objeto del timo del “beso del sueño”, cosa que no ha sido así, por lo que he salido relajado y contento a la calle dispuesto a dar un paseo.

Curiosamente mis pasos se han dirigido al mismo café de ayer en el que he entrado automáticamente, quizá buscando algo inconscientemente. Allí estaban ellas, sentadas en la misma mesa, con otras ropas igualmente sexy, me he acercado a la mesa y, de la misma forma que ayer, les he pedido permiso para sentarme, su respuesta ha sido tajante y en vietnamita: No, estamos esperando a nuestros maridos.

CAJAS

Ayer me deje llevar por la entrada del otoño en Hanoi, la suave y deseada temperatura me fue conduciendo por callejas y callejuelas, perdiéndome entre los enrevesados vericuetos del barrio viejo de la ciudad. Tan ensimismado iba en mis pensamientos que apenas veía lo que el diario espectáculo me ofrecía, tan solo pequeños atisbos de realidad que marcaban el rumbo de mis pasos.

Esos olores y la sensación de bienestar me trasladaron hacia el pasado y, en el mismo momento que mis pensamientos se deslizaban por entre las marañas de los recuerdos más antiguos, una escena me sacó de mi abstraimiento. Eran dos chiquillos que estaban jugando en plena calle, aprovechando que era una vía sin salida, por la que no circulaban vehículos.

Me llamaban a través de las rendijas de una caja de madrea desvencijada en la que se habían introducido e, inmediatamente, me impactó aquel recuerdo en el que el chiquillo era yo.

Había dos tipos de cajas las de dentro y las de fuera, las de dentro eran mas divertidas pero las de fuera tampoco eran mancas. Las de fuera eran cajas de cartón de pequeño tamaño con las que construía ciudades (si mi padre fuese Calatrava estaría orgulloso de mi), estas se edificaban de mil formas dependiendo de la distribución de los módulos.

Pero las que realmente eran guay eran las de dentro. Se necesitaba espacio exterior, una caja grande, normalmente de madera, y, por lo menos, un amigo, bueno se podía jugar solo aunque no era lo mismo.

Una vez conseguidos los elementos se podía instalar aquella fabrica de sueños, apenas se necesitaban unos minutos.

El poder que poseen las cajas de adentro es inconmensurable, una vez dentro se forma un espacio atemporal en el que los tejemanejes que realicen los chavales pueden ser mas poderosos que los realizados en ningún cuartel militar. La energía que allí se concentra es suficiente para poder volar a cualquier planeta y las decisiones que en aquel reducto se tomen marcarán toda nuestra vida.

Cuando los chiquillos me llamaron mi corazón me dio un vuelco, la ocasión era única y, sin pensármelo dos veces, me dispuse a entrar en la caja. Cuando levanté el cubo y vi sus caras de pavor comprendí su negativa a compartir aquel espacio conmigo, en aquel momento la realidad me sacudió, baje la caja lentamente dejándola posada sobre el suelo.

Di la vuelta y me dispuse de nuevo a perderme entre las sensaciones preotoñales del barrio viejo de Hanoi.

Saturday, August 29, 2009

Miserias




Setiembre en Hanoi, un tiempo fantástico, me sentía capaz de emprender casi cualquier proyecto, estaba eufórico y, buena parte de ello se debía a ese magnifico sol que lucía sobre mi cabeza y nunca mejor dicho porque caía a plomo sobre mi testa, que pendía, en una extraña posición por un extremo de la tumbona al borde de la piscina.

Oí unos pasos que se acercaban y cuando la miré, me quedé sorprendido de su belleza, la veía tamizada por la potente luz del sol, por mis ojos entrecerrados y por mi incongruente postura, como pasada por un filtro, tan intenso que me sucedió algo realmente extraño, mi vista fue proyectada hacia aquella mujer, tan directa y profundamente que me produjo un efecto paranormal, mi campo visual se trasladó hacia su interior y de allí, hacia su vida, hacia su pasado.

Me sentí mareado, mientras iba recorriendo el panorama tridimensional de su vida. La vi cuando apenas tenía dieciséis años, era preciosa, iba en su bicicleta por las calles de Manila de camino al colegio, parecía mas joven que la edad que tenia, todavía era virgen.

Fui recorriendo su pasado a través de mi visión, viendo su vida en estampas que se desplazaban ante mi a una cierta velocidad, fotografías de los momentos importantes. Visioné como acababa sus estudios tras lo que comenzaba a trabajar en una oficina, como la cortejaba aquel muchacho. El le llamaba Linda aunque su nombre fuese otro. Noviazgo, matrimonio y pronto su primer hijo, parecían ser felices.

Todo muy feliz hasta que mi “paseo” por las entrañas su vida tropezó con la tragedia, ellos, los tres, iban de excursión en el coche que acababan de comprar y sucedió, accidente, sangre, ruidos, gritos y, al final, lloros, muchas lágrimas, el niño había fallecido en el percance.

A partir de aquel momento su vida cambió, la felicidad se trocó en tristeza y melancolía tintada de depresión. Ella, tan guapa, fue marchitándose rápidamente, sus facciones se arrugaron ayudadas por las continuas muecas de dolor.

El, en su inconsciente, le achacaba a ella la culpa del desastre, por lo que fue alejándose, dejándola de querer y, al poco tiempo, apenas le hablaba.

Cuando ella pasaba a mi lado, salí de mi ensimismamiento, me di cuenta que me había quedado colgado con la historia, había alucinado, quizá debido al sol, tenía revuelto mi estómago y una cierta opresión en el pecho, aquella historia me había afectado más de la cuenta.

Mientras sentía que me había excedido en mi alucinación y me incorporaba para sentarme en la sombra, buscando el refugio a la posible insolación, observé como él iba detrás de ella y le llamaba: Linda.

Thursday, August 20, 2009

ELEGANCIA

Su cabeza altiva

Mirando sin ver

Sin desprecio pero sin cuenta

En otra esfera

En otro tiempo


Así iba ella

Lenta y segura

Recorriendo el lago

Como siempre, como nunca

Elegante


Mi mirada fija

Un tanto asombrada

Sí, era ella

Por fin la veía

Ahí encontrada


Quizá nuca más la vería

Estaba triste?

O contento?

Contento, al fin la encontré

La tortuga de Hoan Kiem*

*En el siglo XV el Emperador vietnamita Le Loi derrotó a los invasores chinos gracias a una espada con poderes mágicos. Tras la victoria, y encontrándose en un plácido paseo en barca, una gigante tortuga dorada emergió de las aguas y le pidió la espada de vuelta. Debido a ese hecho, el Emperador cambio el nombre del lago por el que paseaba y lo llamó Hoan Kiem que significa la espada devuelta.

Tuesday, August 18, 2009

EL TUNEL DEL TEMPLO

Aquella tarde decidí emplearla en perder el tiempo, tratar de no hacer nada constructivo, abrazar el aburrimiento en cada esquina y perderme entre los recovecos de mis divagaciones.
Elegí como comienzo de mi andadura el lago Hoan Kiem, excelente punto de partida para mi excursión. Como no se trataba de cansarse, rápidamente busqué un sitio donde sentarme a la orilla, elegí la postura adecuada para poder permanecer durante el tiempo necesario y me dejé llevar tranquila y pausadamente hacia mis ensoñaciones.
La temperatura era suave, la luz, tamizada por pequeños cirros, rebajaba lo suficiente la intensidad solar, todo resultaba tan agradable que podría dormirme tranquilamente. Oía una musiquilla vietnamita, algo triste, entonada por un Dong, que manipulaba las notas variando sus tonos lo que producía un efecto nostálgico y sedante, tan relajante que me quedé dormido.
Me desperté algo sobresaltado, y sorprendido, pues había mucha luz, como si fuese mediodía, lo que no tenía sentido ya que podía haberme quedado dormido toda la noche. Pregunté la hora a una joven y me corroboró que eran las doce y media, así que me había quedado durmiendo ¡Diecinueve horas!, era inaudito.
Con cierta sensación de incomodidad me dirigí hacia el edificio de correos para comprobar la fecha, en el camino me crucé con la misma joven que me había dicho la hora lo que me extrañó ya que antes la había visto ir en otra dirección.
Compré un periódico en inglés y al ir a pagar me estremecí al comprobar que la vendedora era la misma joven de la hora y que, más tarde, me había cruzado, era realmente extraño todo esto.
Me senté en las escaleras para leer el periódico pero me di cuenta de que era del día anterior, así que fui a devolverlo pero la dependiente me dijo que no que era de hoy. Por mucho que trate de hacerle entrar en razón no lo conseguí. Hojeé otros periódicos y, con gran estupor, comprobé que en todos ponía la misma fecha, la del día anterior.
Salí y me senté de nuevo en las escaleras, tratando de poner en orden mis ideas totalmente alborotadas, no había bebido, ni tomado drogas, quizá el largo sueño había trasgiversado mis ideas y solo tenía que esperar un poco para ponerlas de nuevo en orden.
Una chica subía por la escaleras y comprobé que, de nuevo, se trataba de la misma persona que había visto en repetidas ocasiones, aquí pasaba algo, alguien estaba jugando conmigo, gastándome una broma que me estaba incomodando o ¿Me estaría volviendo loco?.
Me encontraba cansado por lo que traté de relajarme, respirar profundamente, como había aprendido en mis clases de yoga, mientras cerraba los ojos.
De nuevo oí aquella musiquilla del Dong, la melodía relajó mis músculos, me volvía a encontrar a gusto y confiado, me dormí.
Desperté, abrí los ojos y comprobé que, de nuevo estaba a la orilla del lago con aquella temperatura agradable de una tarde preotoñal.