Todo comenzó ayer, la tarde estaba calma, quizá demasiado, unas nubes grisáceas penetraban por el sur con presagios de tormenta, la electricidad estática coloreaba el ambiente enturbiándolo y dotándolo de un olor a almizcle, todo resultaba mas lento e, incluso, pesado.
Me refugie en uno de los modernos cafés tan al gusto de los jóvenes hanoianos, buscando un ambiente con aire acondicionado. Todo el local estaba lleno de gente moderna y, por más que busque un sitio libre, no pude encontrarlo, por lo que me decidí por una mesa en la que estaban sentadas dos mujeres quienes no rechazaron mi petición de asilo, eso sí, entre unas risas nerviosas.
Estaría en los 40 y vestían algo descocadamente para su edad y con profusión de maquillaje negro y aditamentos en el vestuario claramente ineficaces pero con el claro fin de llamar la atención, tenía unos cuerpos bien hechos y claramente deseables.
Tras mi segundo sorbo de caphe xua da, café con leche y hielo, una de ellas se dirigió a mi con la consabida pregunta de mi origen, me hice pasar por español (siempre tira lo latino), y así comenzó nuestra charla, ligeramente pero pronto pasó a elevarse de tono hasta el punto de ruborizarme en ciertos momentos.
Mi libido subía por instantes y más cuando una de ellas me rozaba con su rodilla sin ningún pudor, lo que me provocó una erección que solo fue superada cuando su compañera emprendió el mismo camino.
Mi sensación era que todo iba demasiado rápido y, aprovechando la comando de otro café, me fui al servicio. Cuando volví vi o creí ver como una de ellas ponía algo en mi bebida pero fue tan solo un instante, como una ilusión a la que no di mayor importancia, por lo que seguimos hablando de temas banales mientras ellas se encargaban de mantenerme contento y centrado en el tema que a ellas y a mi más nos atría en aquel momento.
Con la excusa de enseñarles unas pinturas que había comprado nos fuimos juntos a mi apartamento, por el camino comencé a sentir una extraña sensación, era como si flotase sobre el pavimento, al mismo tiempo, las cosas cambiaban de forma y se acercaban y alejaban de mi como si los seres inertes estuviesen vivos, me sentía muy bien y sonreía continuamente Ellas se partían de la risa cuando me miraban pero sus continuas atenciones cariñosas me mantenían confortablemente en aquella especie de nirvana.
No más cerramos la puerta del apartamento se lanzaron salvajemente sobre mi destrozando mi ropa mientras la quitaban. Yo no acertaba a hacer lo mismo ya que sus maniobras ocupaban todo aquel campo de batalla, por lo que de deje hacer y ese fue el camino hacia el éxtasis.
Cuando me tuvieron totalmente desnudo fueron desnudándose lentamente mientras jugaban entre ellas y mantenían mis manos quietas a pesar de que se me iban automáticamente hacia sus cuerpos.
Todos los colores eran diferentes y los muebles habían cambiado de forma, lo veía todo raro y, como decirlo, mejor, más divertido. En algún momento de extraña lucidez, comprendí que me habían drogado pero el placer era tan intenso que lo olvidaba al instante.
La sesión de sexo duró infinitas horas o me lo pareció, nunca antes había jugado a tres tan intensamente, tan sensualmente, por lo que acabé extenuado y feliz y me quedé dormido
Hoy me he levantado con un poquito de resaca pero contento de la experiencia, solo he tenido una pequeña dosis de pánico pensando que habría sido objeto del timo del “beso del sueño”, cosa que no ha sido así, por lo que he salido relajado y contento a la calle dispuesto a dar un paseo.
Curiosamente mis pasos se han dirigido al mismo café de ayer en el que he entrado automáticamente, quizá buscando algo inconscientemente. Allí estaban ellas, sentadas en la misma mesa, con otras ropas igualmente sexy, me he acercado a la mesa y, de la misma forma que ayer, les he pedido permiso para sentarme, su respuesta ha sido tajante y en vietnamita: No, estamos esperando a nuestros maridos.
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